Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos, pese a que, con mucha frecuencia, es la más valiosa.

domingo, 30 de marzo de 2008

Giorgio Gaber: Algo más que un cantautor


‘Destra – Sinistra’

Giorgio Gaber (1939-2003) no fue un cantautor al uso durante buena parte de su vida -justamente la más representativa de quién era realmente-, sino un hombre de teatro (cantante, actor y escritor) creador de un género, pariente del cabaret, conocido como teatro-canción.

Sobre las tablas, transformado en el Señor G, Gaber exponía sus más íntimas convicciones mezclando la interpretación de canciones con los monólogos, enlazando sin pausa ambos géneros con un humor corrosivo que tenía generalmente a la corrompida partitocracia italiana como destinataria de sus invectivas, pero también a los propios ciudadanos, entre los que se incluía. “La libertad no es estar arriba de un árbol,/ ni siquiera es el vuelo de un moscón./ La libertad no es un espacio libre,/ libertad es participación”. Eso escribió en una de sus canciones.

En principio nada indicaba que fuera a derivar en la dirección que finalmente tomó. A principios de los años 60 era un cantante de éxito, intérprete de canciones ‘bonitas’ y agradables, que hacía giras con Mina o Celentano y tomó parte en cuatro festivales de la canción de San Remo. Incluso presentaba un programa de televisión. Probablemente fue la convulsión que sacudió el mundo en aquellos años, especialmente a partir del 68, lo que le empujó a participar (ejercer la libertad) como mejor sabía hacerlo.

Si prácticamente todos los cantautores de su generación se declaran anarquistas, lo cierto es que sólo Guccini y Gaber lo manifiestan de modo más o menos abierto a través de sus obras. En el caso de Gaber, con una especial agudeza y virulencia, sin contemplaciones con nada ni con nadie. Y sin embargo, desde una especie de ternura que era su sello distintivo. Humor y ternura impidieron que sus textos se convirtieran en meros panfletos y le ganaron el favor de un público que se reconocía y reconocía a Italia en lo que Gaber decia.

Por el camino de la sátira, Giorgio Gaber dejó de ser una presencia habitual en la televisión. Algunas de sus canciones, como ‘Io se fossi Dio’ (Si yo fuese Dios) fueron prohibidas y otras, simplemente por tácito consenso, no se difundían en la radio ni en la televisión. Lejos de amilanarse, Gaber continuó trabajando en la dirección que le parecía más honesta, más en consecuencia con la caótica situación de una democracia en permanente crisis y crecientemente traumatizada por el acoso del terrorismo de extrema izquierda y extrema derecha.

Su último disco, como un colofón de su asqueamiento, se tituló ‘No me siento italiano’. Lógico corolario, tanto para un italiano como para un anarquista, no sentirse solidario de toda la mierda que se ha enseñoreado de un país antes y después de los Andreotti, los Craxi y los Marcinkus.

Los videos seleccionados muestran al Gaber-Gaber, demoledoramente sarcástico, virulentamente incorformista. El tema ‘Destra-Sinistra’ (arriba) registra su última y excepcional aparición televisiva, invitado por su amigo Adriano Celentano a su programa televisivo ‘125 millones de chorradas’ (sic). Lo mejor de aquel programa, aparte de la interpretación de esta canción, fue el agudo diálogo que protagonizaron ambos cantantes con el autor teatral y premio Nobel Dario Fó, ferviente admirador de Gaber y anarquista como él.

‘Destra-Sinistra’ ironiza sobre las supuestas diferencias entre ambos referentes del espectro ideológico (“bañarse en la bañera es de derecha,/ ducharse sin embargo es de izquierda/ un paquete de Marlboro es de derecha/ pero si es de contrabando es de izquierda…”); ( “Todo viejo moralismo es de izquierda,/ la ausencia de moral es de derecha,/ incluso el Papa está últimamente un poca a la izquierda/ y el demonio se ha hecho de derecha…"). Sin embargo, Gaber no cree en la muerte de las ideologías (“La ideología, la ideología/ a pesar de todo/ todavía creo que existe./ Es la pasión, la obsesión/ de tu diversidad/ que ahora mismo no se sabe dónde está/ no se sabe dónde, no se sabe dónde…”)

Lo shampoo (De ‘Dialogo tra un impegnato e un non so’)


L'Elezioni ( De ‘Libertà obbligatoria’)

viernes, 28 de marzo de 2008

Dianne Reeves: Lo mejor del pasado hecho presente

Love for sale


Dianne Reeves entró hace ya mucho tiempo en el palmarés de las grandes voces de solistas femeninas de raza negra de Estados Unidos, que son, a su vez, las mejores del mundo, si exceptuamos el área de la denominada música culta (cuyos valedores dan por sentado que las otras no lo son).

Pertenece Dianne Reeves a una estirpe en la que se inscriben voces gigantes, como la de la contralto Marian Anderson (que sí canto música culta, y con gran éxito), la de Mahalia Jackson, que elevó el gospel a la categoría de arte, la de Ella Fitzgerald, genial en sus improvisaciones a la altura del mejor instrumentista y la de Sarah Vaughan, de extensa tesitura y bellísimo timbre.

Afro Blue


Algo tiene Dianne Reeves de todas ellas, o al menos eso me parece a mi. Tal vez es a Vaughan a la que más recuerda por la extensión y la belleza de su voz, pero también nos hace evocar a Ella en su sentido del ritmo y su habilidad para el ‘scat’. De Mahalia y Anderson tiene, cuando es precisa, la emoción y profundidad de una y la nítida justeza en cada nota de la otra.

I got it bad and that ain't good


Cabría decir que Dianne Reeves es la cantante más completa que haya existido nunca en el jazz y el rythm and blues (aquí en discusión con Aretha Franklin) en la medida en que es un compendio de las virtudes de las mayores divas, aunque no supere a ninguna de ellas en las cualidades que les eran más características. Es, en cualquier caso, extraordinaria y eso no hace falta que nadie lo subraye. Basta con escucharla.

In your eyes (Peter Gabriel)


La selección de videos que he hecho pretende precisamente evidenciar la enorme versatilidad que caracteriza a esta cantante. En cierta medida sigue también un orden cronológico ascendente, desde su interpretación del clásico ‘Love for sale’, junto a Dizzie Gillespie, Marcus Miller y David Sanborn, entre otros, hasta la singular y vibrante ‘Do I move you?' con la que cerró su actuación en el “New Morning” de París en 2003 en cordial complicidad con un público entregado.

Las últimas palabras de la letra de esa canción son:

PEACE
LOVE
LIGHT
JOY
STRENGHT
AND NO MORE WAR

Un programa absolutamente suscribible.


Do I move you?

viernes, 21 de marzo de 2008

Richard Bona & Bobby McFerrin: Una delicia



Estaba en otras cosas (concretamente seleccionando videos de Dianne Reeves, sobre la que trataré próximamente) cuando, por casualidad, descubrí esta pequeña joya, cuya existencia desconocía.

Cuando dos músicos de talento extraordinario coinciden suceden con frecuencia cosas como esta: una conjunción de magia, belleza, espectáculo y diversión nada frecuente. El video, grabado en el Festival de Montreal, evidencia que ellos se lo pasan muy bien tocando y ese placer se contagia a la audiencia, cómplice de su juego improvisatorio, que en este caso parte de un precioso tema del bajista camerunés Richard Bona: 'Dina Lam'.

He aquí diez minutos de música que por sí solos justifican todo un día.

Los intérpretes:

Richard Bona
Bobby McFerrin

viernes, 14 de marzo de 2008

Francesco Guccini, radical libre




Francesco Guccini (Módena, 1940) es tal vez el cantautor más ortodoxo entre los italianos. Al menos en el sentido de que su persona y su obra responden al retrato-robot de lo que tópicamente se considera un cantautor: alguien que da prioridad absoluta al texto sobre la música, que busca que sus letras tengan un carácter poético, o al menos cierta calidad literaria, y que muestra especial interés por la política y las realidades sociales.

Como en el caso de Bob Dylan, las letras de Guccini son considerablemente largas. Muchas de ellas no tienen siquiera un pequeño intermedio musical o un solo de guitarra. Son largos discursos o relatos que se justifican por sí mismos, sin que la música sea esencial. Personalmente, por eso mismo, Guccini no se encuentra entre mis preferencias, pero no puede estar ausente en la serie de posts que vengo dedicando a los cantautores italianos, precisamente porque está considerado entre los más relevantes.

Confeso anarquista, como tantos de los que venimos hablando, sus canciones tienen un contenido ideológico bastante mayor y más significativo que las de sus colegas. Ese hecho, junto a su capacidad poética, que no tiene inconveniente en mezclar ocasionalmente con un lenguaje abiertamente escatológico, han hecho que, junto a Fabricio de André, más contenido, sea reconocido como el cantautor por excelencia entre varias generaciones de italianos.

Nuevamente he tropezado con la carencia de videos de directos en Youtube. Hay una buena cantidad de vídeos del artista, pero se ve que Guccini no ha sido especialmente grato a la televisión. Con escasas excepciones, los directos son de muy baja calidad y no muy relevantes, por lo que me he visto forzado a elegir entre los que superponen imágenes más o menos significativas sobre dos de las canciones más emblemáticas del cantautor.

‘La locomotiva’ es una historia que parece salida de la película ‘Novecento’. Un maquinista ferroviario de convicciones anarquistas secuestra un tren de lujo, ‘pieno di signori’ (cuando "señor" era todavía un término que no se aplicaba a todo el mundo), e intenta lanzarlo a toda velocidad contra la estación de Bolonia. El convoy es desviado a una vía muerta y el maquinista muere. Eso no impide a Guccini mantener viva la metáfora de la locomotora:

“… Pero a nosotros nos gusta imaginarlo detrás del motor/ mientras hace correr la máquina a vapor/ y que aún nos llegue un día la noticia/ de una locomotora, como una cosa viva/ lanzada como bomba contra la injusticia.

‘L’avvelenata’ (La envenenada) es una extensa y vitriólica diatriba que tiene su origen en una crítica demoledora que Ricardo Bertoncelli hizo de su disco 'Stanze di vita quotidiana', en la que afirmaba, entre otras lindezas ‘proféticas’ que era "un artista acabado, al que no le queda nada que decir". El resultado es una gran canción en la que Bertoncelli queda (injustamente) inmortalizado y Guccini expone su particular poética, fundada en una decidida voluntad de insobornable autonomía.

La (canzone) avvelenata


Traducción de la letra (menos una estrofa)

Pero si yo hubiera previsto todo esto, datos causa y pretexto, las actuales conclusiones/ ¿creeis que por estos cuatro cuartos, esta gloria de idiotas, hubiera escrito canciones?/ Bueno, vale, admito que me he equivocado y acepto el crucifijo y así sea.,/ Soy, de la raza mía, tan grande sea, el primero que ha estudiado.
Mi padre en el fondo tenía además razón al decir que la pensión es realmente importante,/ mi madre tampoco se había equivocado al decir que un graduado cuenta más que un cantante./ Joven e ingenuo yo he perdido la cabeza, hayan sido los libros o mi provincianismo,/ es una polla en el culo es una acusación de arribismo, recelo de indiferentismo, soy lo que me queda..
Vosotros críticos, vosotros personajes austeros, militantes severos, pido perdón a usías,/ pero no he dicho que con canciones se hacen revoluciones, se pueda hacer poesía./ Yo canto cuando puedo, como puedo, cuando quiero sin aplausos o silbidos./ Vender o no se encuentra entre mis riesgos, no compréis mis discos o escupidme encima.
Según vosotros a mi me importa un bledo asumir la bronca de estar aquí arriba cantando,/ gozo muchas más emborrachándome o si no masturbándome, o, en el límite, barriendo.../ Si estoy de humor negro entonces escribo curioseando dentro de nuestras miserias:/ de ordinario tengo que hacer cosas más serias, construir sobre ruinas o mantenerme vivo.

Yo todo, yo nada, yo idiota, yo borrachuzo, yo poeta, yo bufón, yo anarquista, yo fascista,/ yo rico, yo sin un cuarto, yo radical, yo distinto e igual, negro, judío, comunista,/ yo maricón, yo que porque canto sé embaucar, yo falso, yo genio, yo cretino,/ yo solo aquí a las cuatro de la mañana, la angustia y un poco de vino, quisiera blasfemar.

(...)
Colegas cantautores, selecto grupo que se vende por la noche por unos poços millones,/ vosotros que sois capaces hacéis bien en tener los bolsillos llenos y no sólo los cojones,/ ¿Qué puedo deciros? Andad y haced, pero habrá siempre, lo sabéis,/ un músico fallido, un beato, un teoriquillo, un Bertoncelli o un cura para disparar sin piedad.
Pero si yo hubiera previsto todo esto, datos causa y pretexto, tal vez haría lo mismo./ Me gusta hacer canciones y beber vino, me gusta ir de putas pues nací tonto/ y por eso tiro p’alante y no me quito los harapos que suelo llevar./ Tengo todavía muchas cosas que contar a quien quiera escuchar ¡Y a la mierda todo lo demás!


miércoles, 12 de marzo de 2008

Lockwood por el violín

Grappelli & Lockwood, 'Tiger rag'


Mientras en el resto de los países del mundo el jazz se extiende durante la primera mitad del siglo XX en forma de imitación de las fuentes originales, en Francia se reinventa y reedita merced a la poderosa influencia de dos extraordinarios talentos musicales, el del guitarrista gitano Django Reinhardt y el del violinista Stéphane Grappelli. Ambos, junto al contrabajista Louis Vola, son el alma y el motor del quinteto ‘Hot Club de France’, que revoluciona el concepto del jazz, especialmente en su concepción instrumental, y logra el aplauso incluso de los propios padres del invento. Hasta entonces el violín estaba prácticamente ausente del jazz y la guitarra tenía un papel modesto, merced fundamentelmente a Charlie Christian y Les Paul.

El deslumbramiento que Reinhardt y Grappelli causan en aquellos momentos (años 30) no será meramente anecdótico. Y menos en Francia que en ninguna parte. Hoy la escuela que ambos formaron sin pretenderlo tiene representantes tan relevantes en el violín como Didier Lockwood -en el que me centraré de modo especial- y Jean-Luc Ponty, mientras en la guitarra destacan poderosamente, entre otros, Biréli Lagrène y Stochelo Rosenberg, solista del trío del mismo nombre. Los viejos y desaparecidos maestros han sido en gran medida superados por sus brillantísimos y laboriosos discípulos.

Lagrène & Lockwood, I Got Rythm


Didier Lockwood, nacido en una familia de músicos, iba camino de convertirse en un virtuoso del violín clásico, con premio extraordinario incluido, cuando se cruzó en su camino el jazz, o el jazz-rock para ser más exactos, merced a la influencia de su hermano Francis, pianista. Así, a los 17 años, abandonó los estudios superiores y empezó a tocar allí donde tenía oportunidad, primero junto a su hermano en el grupo ‘Magma’ y luego, reconocida su valía por el oído experto de los grandes, en la big band de Michel Colombier, junto a su maestro nunca desmentido, Grappelli, o con el pianista Dave Brubeck.

Con sólo 23 años se impone el inicio de una carrera como solista que no ha dejado de ser premiada con el éxito desde entonces. Desde 1979 hasta la fecha se han venido sucediendo sus discos con las más diversas formaciones y en tipos de música diferentes, incluida la clásica. Al menos uno al año. Su talento, unido a sus dotes para el espectáculo, ha deslumbrado en todos los rincones del mundo.

Lockwood es una hombre de su tiempo, inquieto y curioso, con los oídos siempre abiertos a todas las posibilidades de explorar y explotar las capacidades expresivas del violín, un instrumento que en sus manos llega a adquirir dimensiones extraordinarias. El uso de la electrónica (efectos y secuenciadores sobre todo) y la experimentación con armonías ajenas a la disciplina occidental no sólo consolidan la presencia del violín en el jazz, sino que le dan carta de naturaleza en cualquier otra música que decida abordar.

En la selección de temas que he realizado, dentro de la no muy variada oferta de Youtube, he optado por el criterio restrictivo que supone la interpretación de ‘standards’ de jazz y dos de los videos ilustran precisamente la vigencia de la herencia fecunda de Reinhardt y Grappelli, mientras el tercero, más convencional, reúne a algunos de los grandes del jazz francés (los saxos Michel Portal y Manu Dibango, junto al bajista Pierre Michelot y el propio Lockwood, encaramado en las alturas cual violinista en el tejado) con el pianista Herbie Hancock.

Hancock, Lockwood, Michelot, Dibango y Portal, ‘Round Midnight’ (Thelonius Monk)


Hubiera querido incluir su espectacular número “Les mouettes”, pero la única versión disponible en video está realizada a cámara fija en el Teatro Odeón de París y se pierde parte del espectáculo cuando Lockwood se mezcla con el público improvisando sobre la base previamente grabada en bucle de un acompañamiento de cuerdas. Quienes quieran verlo aquí tienen el enlace.

jueves, 6 de marzo de 2008

Mina Mazzini, ¡bravissima!

Brava


Mina Mazzini (Cremona, 1940) es la más famosa y genial de las en su día despectivamente denominadas 'urlatricce' (gritadoras, o gritonas) italianas, junto a Milva, de quien hablaremos en otra oportunidad. Tras considerar -inevitablemente- el papel de 'hada madrina' que ha jugado en la biografía de algunos de los grandes cantautores italianos a los que vengo refiriéndome últimamente, he creido que era el momento justo y apropiado para dedicarle un post a una de las figuras más personales y brillantes que ha dado la música popular italiana.

Mina no sólo tiene una voz extraordinaria (su tesitura abarca cuatro octavas más dos tonos), sino también una personalidad poderosa, firme carácter y coherencia. Si su voz ha sido decisiva para su éxito, no lo fue menos su personalidad. Y no sólo a la hora de definir su particular 'look', sorprendente para la época, o elegir su repertorio.

Sólo transigió dos veces con las intrigas del Festival de San Remo, que trajo por la calle de la amargura a Gino Paoli y condujo al suicidio de Luigi Tenco. Amargada por su experiencia en la edición de 1961 hizo cruz y raya. Y no volvió, pero no dejó de afrentar a los organizadores de un evento de limpieza siempre cuestionada que dominaba los destinos de los cantantes y compositores italianos.

Su revancha fue grabar en cada uno de sus discos una o dos de las canciones que habían competido en cada edición, con independencia del puesto que hubieran ocupado en el palmarés. Cuando en 1965 convierte en un gran éxito 'E se domani', una canción que había pasado desapercibida en el certamen, su mensaje de desprecio queda claramente establecido y su venganza cumplida.

Mina nunca se llevó bien con la Italia truculenta e hipócritamente puritana de los años 60, la que le condena durante dos años a no aparecer en la televisión y la radio estatal (RAI) por estar embarazada del actor Corrado Pani, ya separado de su esposa. Tal vez fue esa experiencia traumática la que le condujo, en 1966, a trasladar su residencia a Suiza (Lugano), lejos de la voracidad agresiva de los tristemente famosos paparazzi y de la inclinación al linchamiento de tantos de sus compatriotas. Allí sigue viviendo, nacionalizada desde 1989. Allí tiene una lujosa residencia y un estudio de grabación en el que graba un doble disco cada año. Mina no perdona.

En 1978, veinte años después del inicio de su carrera, la gran diva de la canción popular italiana se retiró irreversiblemente de los escenarios, que no de la música. Sus discos siguen dando testimonio de su extraordinaria calidad artística y de su exquisito olfato para las buenas canciones. El último de ellos, 'Todavía' (2007), está cantado en español y cuenta, entre otras colaboraciones, con las de Joan Manuel Serrat y Diego el Cigala.

La canzone di Marinella (duo con el autor, Fabrizio de André)


Se stasera sono qui (de Luigi Tenco)


Il cielo in una stanza (de Gino Paoli)

domingo, 2 de marzo de 2008

Fabrizio de André, el más poeta de los 'cantautori'


Fabrizio De André (1940-1998) es seguramente uno de los cantautores italianos con mayor y más sólido y constante aliento poético. Como Gino Paoli y Luigi Tenco pertenece a la influyente ‘Escuela Genovesa’, que no fue tal, al menos expresamente, pero cuyos integrantes estuvieron unidos por la amistad y se ayudaron e influyeron mutuamente. Estudiante de Derecho, genera un interés creciente por la música, la poesía y el teatro y escribe sus primeras canciones bajo la influencia de Georges Brassens y también –como éste- de la canción tradicional de juglares y trovadores.

La música hubiera podido ser una anécdota en su vida, en el camino hacia la abogacía, si no hubiera mediado (una vez más, como en el destino de tantos cantautores italianos) la voz extraordinaria de Mina, la gran diva entre quienes los puristas de la música denominaban entonces ‘urlatricce’ (gritadoras). Mina convirtió en un gran éxito ‘La canzone di Marinella’, compuesta por De André, y puso a éste en el mapa de la música popular italiana.

En 1965 Fabrizio publica la primera recopilación de sus canciones en un LP (eran tiempos en que los singles y los EP de vinilo dominaban el mercado y un disco de larga duración significaba un reconocimiento a un valor considerado sólido). Los últimos años 60, con sus convulsiones protagonizadas por los movimientos obrero y estudiantil, encuentran en De André, anarquista, la voz poética idónea para expresar su espíritu, su voluntad de cambio, su visceral rechazo a un mundo autoritario y reaccionario que, todavía traumatizado por las consecuencias atroces de la segunda guerra mundial, se resiste a abandonar el espíritu de los viejos tiempos y a asumir la voz de los más jóvenes, que es la voz de la protesta, en muchos casos con voluntad revolucionaria.

De esos años son los discos ‘Volume I’, ‘Tutti morimmo a stento’ y ‘Volume III’, con canciones que quedan grabadas profundamente en la memoria colectiva de una generación y siguen surgiendo aún hoy en día (De André es uno de los cantautores italianos más versionados), en permanente homenaje. Y es significativo que así sea, pues, a diferencia de tantos otros autores, no se deja seducir por la tentación del éxito rápido, pegadizo y vacío.

Por el contrario, en los años 70, su década más fecunda, profundiza en la vía iconoclasta y desafía al mercado con discos conceptuales, difíciles de asumir para un público adocenado, que, además, está siendo seducido crecientemente por la música anglosajona, que se adueña de los mercados nacionales europeos mientras sus multinacionales cortocircuitan cada vez más la comunicación entre ellos. Seguramente consciente de que ha captado la atención de un público minoritario pero nada desdeñable numéricamente ni en su influencia, plantea discos como ‘La Buona Novella’ (1970), basada en los polémicos evangelios apócrifos, o ‘Non al denaro. non all'amore né al cielo’ (‘No al dinero, no al amor ni al cielo’), inspirada en ‘Spoon river anthology’, del poeta estadounidense Edgard Lee Masters, publicado en 1971.

En 1973 publica ‘Storia di un Impiegato’ (‘Historia de un empleado’), al que seguirá ‘Canzoni’, un álbum en el que homenajea a Georges Brassens, Leonard Cohen y Bob Dylan. En 1975, fruto de su colaboración con Francesco de Gregori (del que hablaré en su momento), nace ‘Fabrizio De André Vol. 7’. Simultáneamente, se plantea el alejamiento del “mundanal ruido”, actitud bastante característica de aquellos años, influidos por la utopía ‘hippy’. Compra una finca en Cerdeña y comienza a dedicarse a la agricultura y la cría de animales. La isla, sin embargo, había sido una mala elección. En 1979, junto a su compañera, la también cantante Dori Ghezzi, es secuestrado por bandidos sardos, en cuyas manos permanecen ambos durante cuatro largos y angustiosos meses. De esa traumática experiencia surgirá dos años más tarde su hermoso disco sin título en el que reflexiona sobre las realidades de los isleños.


Fiume Sand Creek


Como digo en ocasiones, estos posts no pretenden ser exhaustivos. Sólo persiguen interesar a quienes mantienen abiertos los oídos y despierta la sensibilidad en la obra de personajes cuya existencia tal vez ignoren o de la que tengan un conocimiento superficial. Dejo aquí, pues, plantada la semilla para quienes quieran y puedan profundizar más en el árbol feraz y frondoso de la obra de Fabrizio de André, el más poeta de los cantautores italianos; un hombre que es ejemplo de honestidad personal, artística e intelectual. Vosotros mismos…

Los videos:

- El que encabeza esta entrega reproduce una de las canciones más valoradas de su autor. En un texto extenso y poético, como tantos de los suyos, De André trata un asunto aparentemente anecdótico y privado, en el que el coprotagonista es una mujer que le llama “querido amigo frágil” y se declara dispuesta a dedicarle “una hora al mes” para ayudarle. Ajuste de cuentas íntimo cuyos planteamientos musicales están, de modo bastante obvio, bajo la influencia de Leonard Cohen.

- El segundo, ‘Fiume Sand Creek’ está inspirado por una masacre sufrida en 1864 por miembros de las naciones indias cheyenne y arapahoe a manos de las milicias de Colorado, en el marco caótico de la guerra civil en Estados Unidos. El número de muertos inocentes y desarmados (en su mayor parte ancianos y menores) difiere según las fuentes, pero se cree que fueron varios centenares.

- El tercero, ‘Don Raffae’, reproduce una canción eminentemente sarcástica, que, a través del relato admirativo y cómplice de un sargento de la cárcel de Poggio Reale, pone de relieve la buena vida y el estatus de respeto que rodea en prisión a un ‘Don’ de la mafia.

Don Raffae